Cada vez que me miras a los ojos me dan ganas de escuchar un “no te amo”, no sé por qué razón necesito que esas palabras salgan de tu boca mientras me mires a los ojos. Creo que eso puede ayudar a cerrar de una vez esta herida. Necesito tantas cosas para dejar de sentir este dolor. Pero tengo tanto miedo de perderte por completo.
¿Vos pensás en mi?
Se va. A pensar. A pensar. En la concha de la lora va a pensar lo mismo que puede pensar acá. Digo, si puede pensar en la concha de la lora, ¿por qué no puede pensar acá lo mismo que va a pensar en la concha de la lora? Es medio ridículo, ¿no?
Un algo parecido a la felicidad
A todos nos gusta que nos miren, siempre y cuando estemos atravesando uno de esos momentos parecidos a la felicidad. Pero están los otros momentos (que por lo menos para mí son mayoría) en los que la felicidad parece inalcanzable, y ahí, la mirada del otro se vuelve insoportable. Porque el otro a veces no entiende, o ve mal y nos condena. La mirada del otro nos define y nos importa, mucho nos importa, pero ¿por qué nos importa?
Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan a tocar sonatas
— Rayuela. Julio Cortázar


